Las frecuentes negociaciones que nuestra casta política
mantiene con nuestra casta empresarial (en la que no se incluyen, ni mucho
menos, todos los empresarios españoles). Se trata de un más que obsceno toma y
daca: la casta política le concede privilegios regulatorios o dinero de los
contribuyentes a los empresarios bien posicionados e incapaces de prosperar por
sus propios medios en un mercado libre y competitivo; y, a cambio, esos
empresarios le brindan su apoyo y simpatía al poder político. Idéntico mercadeo
ilegítimo al que se produce entre políticos y funcionarios, políticos y medios
de comunicación, políticos nacionales y políticos supranacionales, políticos y
gremios, o políticos y grupos de electores organizados.
Si, en cambio, los ciudadanos no les reconociéramos a los políticos la autoridad para, por ejemplo, otorgar subvenciones, créditos ICO, licencias, concesiones u otros beneficios públicos a los empresarios, no habría empresarios moscardones que se acercaran a ellos para no conseguir nada. Es la casta política la que endógenamente genera la aparición de una casta empresarial con la que trapichear a nuestra costa: son las prebendas estatales las que osifican una oligarquía privada con acceso privado al dinero público.
El desproporcionado poder que el Estado tiene sobre nuestras vidas y cómo, debido a ello, todos los lobbies tratan de parasitarlo y utilizarlo en su privativo beneficio.









