Por lo que se ve la actual situación no es nueva en el
parlamentarismo español. Será cosa de los genes.
Hemeroteca.
Amadeo de Saboya abandonaba España y dejaba escrito uno de
los testamentos políticos más dramáticos y sinceros. “Si fueran extranjeros los
enemigos de su dicha [refiriéndose a España], entonces, al frente de estos
soldados tan valientes como sufridos, sería el primero en combatirlos; pero
todos los que con la espada, con la pluma, con la palabra agravan y perpetúan
los males de la nación son españoles; todos invocan el dulce nombre de la
patria; todos pelean y se agitan por su bien, y entre el fragor del combate,
entre el confuso, atronador y contradictorio clamor de los partidos, entre
tantas y tan opuestas manifestaciones de la opinión pública, es imposible
afirmar cuál es la verdadera causa, y más imposible todavía hallar remedio,
para tamaños males. Los he buscado ávidamente dentro de la ley y no los he
hallado. Fuera de la ley no ha de buscarlo quien ha prometido observarla”.
Figueras Primer Presidente de la I República Española.
Figueras había colmado su paciencia y, en un momento de la sesión, el
presidente exclamó abochornado:
“Señores, voy a serles franco: estoy hasta los
cojones de todos nosotros”.
En las circunstancias actuales, la presidenta del Congreso,
Ana Pastor, que, vulnerando la separación de poderes, algo intrínseco a la
figura de la presidencia del Congreso de los Diputados, ni siquiera es capaz de
marcar el territorio del poder legislativo frente al poder ejecutivo. Y no lo
hace cuando balbuceando, en una patética conferencia de prensa, y para no
perjudicar a su camarada y amigo, es incapaz de fijar un calendario de
negociaciones para la investidura.
La exministra de Fomento no puede incurrir en el sectarismo
de eludir la convocatoria de la sesión de investidura. Tampoco puede demorarla
más allá de unos días. Si lo hiciera, se produciría una connivencia con el
Gobierno y su partido que pervertiría la separación de poderes. Y Ana Pastor, así,
caería al mismo tiempo que el propio Rajoy.
Es entendible que Rajoy no quiera ser vapuleado primero y
derrotado después en el Congreso, pero ese es un riesgo que debe asumir. Él y
su partido debieron pensar sobre las consecuencias de una mayoría absoluta mal
gestionada y la necesidad de una regeneración porque los muchos episodios de
corrupción, entre Luis Bárcenas y Rita Barberá, pasando por Correa y Granados,
y otros varios, han estigmatizado a los populares. Las dos mayorías
insuficientes (la del 20-D y la del 26-J) tendrían que haber producido una
auténtica catarsis en vez de una fosilización. No ha sido así.
Así triunfa la corrupción.
Así matan la ilusión de un mundo
mejor: haciendo piña sobre el miedo
televisado en los noticiarios de España,
normalizando el robo institucional