jueves, 29 de enero de 2015

Salvar el Estado de Bienestar: una propuesta



Llevamos ya un tiempo hablando y viendo cómo se desmantela en Estado de Bienestar, las políticas privatizadoras de recursos galopan a sus anchas a la vez que se dejan morir escuelas, hospitales y diferentes servicios de índole pública. Ante este hecho hay quien está contento, hay quién se revuelve y sale a manifestarse y hay quien se queda impasible, pero el que no se queda inmóvil son aquellos que apuestan por la privatización y por la erradicación de ese Estado de Bienestar que nunca les ha interesado, ya que aprovechan la oportunidad para seguir en esta misma línea. Pero me pregunto ¿qué hace falta para darle la vuelta a este proceso? Yo creo que conocimiento, análisis real de la situación, propuestas, unificación de personas y colectivos interesados y en la acción. Y lo positivo es que existen todos estos puntos, quizás lo único que quede por materializarse en realidad es la unificación real de las personas y colectivos más allá de intereses personales, grupales o partidistas; pero siguiendo en esta línea de optimismo que intento que caracterice siempre mi pensamiento y discurso considero que estamos en un buen momento para que esa situación se dé, y es quizás el descontento general que nos embarga o la crisis que devasta la realidad la que en realidad pueda empujarnos a una mayor efectividad en este sentido.
Lo que ahora vemos es la cara visible de una estrategia que viene de hace tiempo y que ha calado enormemente en la sociedad y que gracias a esa eficacia les es posible realizar casi sin resistencia el desmantelamiento. Antes de la privatización real ha habido varias fases, como por ejemplo la de ir quitando recursos casi inapreciablemente a lo público y olvidándose de gestionar adecuadamente los servicios, para que su funcionamiento no sea o por lo menos no parezca tan eficaz como lo privado.
Pero una fase mucho más importante es aquella que ha ido encaminada a cambiar el pensamiento de la gente, a “infiltrarse” poco a poco en las mentes y es la que está inmovilizando a muchas personas, han ido instalando ideas erróneas de lo que supone el Estado de Bienestar, manejando un discurso clasista en el que impera la idea de que los recursos públicos no son para la población en general sino que son para las clases bajas, usando este concepto de manera denigrante y haciendo que en realidad la clase trabajadora que es la que somos la mayoría nos dividamos más y nos despreciemos unos a otros catalogándonos como más o menos merecedores de unos servicios y de unas condiciones de vida en relación a la cantidad de recursos económicos que tenemos y manejamos.
Mi primera propuesta para salvar el Estado de Bienestar y crear uno mejor y más reforzado que el que teníamos es trabajar por cambiar esta idea en la población. Es un trabajo que lo puede hacer cualquier persona y en cualquier momento, en su día a día, en su trabajo (los afortunados que tengan), en las conversaciones con amigos o en la calle, pero también cuando realicen gestiones en las administraciones y en los centros a los que vayan, crear una contracorriente de pensamiento que se active todos los días y que nos permita recuperar nuestra capacidad de pensar.
Para ello es necesario reflexionar sobre varios aspectos que van desde una perspectiva más general a otra más específica; quizás al hablar de estos aspectos sobre todo los generales me podrán decir que tiene una perspectiva marcadamente ideológica, no lo niego, y que quizás parezca hacer lo mismo que han ido haciendo hasta ahora pero a la manera inversa, y quizás pudiera parecer, pero hay una clave importante que lo hace totalmente diferente, lo que debemos hacer es aportar una contrainformación más realista y sobre todo más ajustada a los derechos humanos y permitir que las personas reflexionen por sí mismas, lo que no quiere decir que no sigamos insistiendo, porque instaurar los pensamientos actuales ha llevado mucho tiempo, por lo tanto también nos llevará mucho tiempo romper esa tendencia, pero el esfuerzo valdrá la pena porque es un paso vital para una sociedad más justa.
Para empezar debemos empezar a romper con la idea de que unas personas son más merecedoras que otras de los recursos. Esta idea viene de muy lejos, la diferenciación de clases no es algo nuevo, y no es un tema baladí, es de crucial importancia porque ha marcado y sigue marcando la sociedad en la que nos movemos. A muchas personas le parece algo muy antiguo y quieren quitarle el sentido y alejarlo de la cotidianeidad de las conversaciones y eso es un error crucial porque lo que hace es que aumenten las diferencias. El problema de las clases no es una simple división de las personas por la cantidad de cosas o dinero que poseen, subyace en esta división, una discriminación profunda de los seres humanos a los cuales se les otorga o deniega un valor, y con ese valor viene dado el trato que se le da por parte de otras personas, las posibilidades de acceso a los recursos pero sobre todo les añade un valor en referencia a la sociedad que les marca negativamente el resto de su vida y sus posibilidades de desarrollo personal y social.
Sobra decir que todo esto está infinitamente alejado del concepto de derechos humanos sobre los que se deberían edificar las nuevas sociedades y culturas, pero es que no sólo es eso, este problema marca la relación que establecemos a nivel conceptual pero también a nivel práctico con el Estado de Bienestar y que ha calado enormemente en la población.
En relación a esto, se ha vendido la idea de que los diferentes sistemas que componen el Estado de Bienestar, como la educación o la sanidad, están enfocados y deben dar cobertura a las clases bajas, es para que ellos (alejados de un supuesto nosotros mental) puedan acceder a mejores condiciones de vida, pero que en la medida que se vaya adquiriendo una mejoría debemos alejarnos de estos servicios públicos para tender a lo privado. Y es que en realidad lo que subyace al discurso yo prefiero la educación privada a la pública, es un enmascaramiento del pensamiento de que yo quiero mejores condiciones para mis hijos y que no deben estar con niños de otra clase. Quizás este es el momento de decir, porque supongo que ya alguien lo estará pensando que no todo el mundo funciona así, eso es evidente, pero hay una generalidad de que este pensamiento navega por el inconsciente de la mente colectiva, y yo lo he visto reflejado en muchas ocasiones sobre todo a partir del surgimiento de esta gran estafa (generalmente llamada crisis) en las personas que acuden actualmente a los servicios sociales.
Si bien en los últimos años de los servicios sociales, y sobre todo a partir de la reconceptualización que surge en América y Latina y que promueve el cambio que en España vino más tarde de la asistencia social al trabajo social, hemos y han ido luchando los diferentes trabajadores/as sociales por crear unos servicios sociales (pilar fundamental del Estado de Bienestar) para toda la ciudadanía sin referencia a clases sociales o económicas, pero a pesar de este esfuerzo, hemos seguido estando unidos casi en exclusividad a las personas de la sociedad con más dificultades y carencias económicas, esto no es malo, somos necesarios para ellos y trabajamos para mejorar sus condiciones de vida, con la creencia fuertemente arraigada que nada nos distingue a unos de otros y que ponemos nuestro conocimiento a su servicio para que puedan cambiar aquella cosas que consideren necesarias. A pesar, de que como dije, no es malo, si ha provocado que esa asociación hacia esas personas se haya unido con el discurso latente en la sociedad de que las personas sin recursos son peores, o menos merecedoras de ciertas cosas y por lo tanto, si en algún momento me veo en la necesidad de acudir a los servicios sociales (como les ha pasado a mucha gente que antes se autoincluían en la clase media) lo primero que sufre es mi autoestima por que me siento degradado en valor, y eso te lo expresan con una frase que cada día oigo más “a mí venir aquí me da vergüenza”.
Y esto es un ejemplo en uno de los sistemas pero en el educativo y en el sanitario se da igual. Y esto influye en que se diluya con más facilidad la lucha por que la gente no se une para conseguir una educación y una sanidad para todos, que sea de una calidad y eficiencia alta sino que subyace la idea de “por si acaso la necesito” o una idea de caridad para el que lo necesita.
Por tanto, esta primera aportación de la que hablo para salvar el estado de bienestar va encaminada a fortalecernos como seres humanos y como sociedad creando una conciencia de solidaridad y de derechos garantizados y necesarios para todas las personas por el simple hecho de ser seres humanos, alejándonos de las ideas instauradas de personas de primera o segunda categoría merecedoras o no de recursos, sino que busquemos la manera de salvar los servicios públicos como parte necesaria para una sociedad en igualdad y que estos servicios no deben alejarse de criterios de calidad y eficacia, porque estos criterios no están reñidos con el acceso a todas las personas y el garantizar unas condiciones de vida digna a todo ser humano.
Esta propuesta va dirigida a toda persona que crea en el ser humano, en su capacidad de desarrollo y en su valor per se, que crea que es necesario cambiar las cosas y sobre todo que crea en el valor de pensamiento y de cómo las ideas se difunden y pueden servirnos para avanzar como sociedad o para relegarnos al pasado o a la inhumano. Esta propuesta está bañada en un convencimiento profundo de que todo ser humano es igual a otro y que debe tener las mismas oportunidades y por tanto está inmersa en la creencia de que un Estado de Bienestar no sólo es necesario sino que es el paso previo a lo que verdaderamente debemos llegar a un mundo en el que la justicia social no sea una palabra o un concepto que reivindicar sino una realidad del día a día. En definitiva, si queremos todos podemos hacer algo, podemos cambiar el discurso, podemos cambiar mentalidades y podemos cambiar realidades. Esta sólo es una de las mil maneras de hacer algo.
Iris de Paz

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