jueves, 19 de febrero de 2015

¿Es tan difícil que la izquierda española con todos sus matices, gustos y manías se pongan de acuerdo para presentarse juntos a unas elecciones?

Llega el año de la Cabra de Madera y nos trae una energía que es pura creatividad, abundancia y sorpresas. Año de la cabra de madera, a mi me gustaría que fuera de la cabra montesa. Su indepencia, fortaleza y ganas de vivir. Nos venía bien un contagio de sus valores. Es común que durante los años de la cabra todos los miembros de la familia busquen el modo de reunirse y reconciliarse. 
¿Es tan difícil que la izquierda española con todos sus matices, gustos y manías se pongan de acuerdo para presentarse juntos a unas elecciones? Pues sí. Imposible. No es un problema circunstancial. Es genético.
Estoy seguro que si comenzamos a hablar uno por uno tendríamos un programa electoral común completo. Todos apostarían por una seguridad social de calidad, gratuita y universal, una educación pública digna, desarrollar la ley de dependencia, limpiar España de corruptos, devolver los derechos laborales, una renta básica para los que no tienen ningún tipo de renta, cobertura digna para los parados, un Ministerio de Exteriores que vuelva a recuperar la solidaridad en cooperación. Pero, en el momento en que se ponen siglas, estalla la guerra. Los de IU no quieren ni rozarse con los socialistas, los de Podemos no quieren ni ver ni en pintura a los del PSOE, los socialistas no quieren saber nada de Podemos  pero los de IU a veces pactan con los socialistas y en Extremadura con el PP. 
Ahora sería un buen momento para que la izquierda reflexionase, fuese capaz de pensar más en los demás  que en ellos mismos. Que dejen de ser egocentristas, sectarios e intolerantes.
Por primera vez en muchos años tienen ante ellos a una población agotada, con muchísima menos dignidad desde que el PP llegó al poder. Hemos perdido todos nuestros derechos laborales, nos multan por manifestarnos, nos chantajean con cambiar el aborto, hemos visto como han regalado la sanidad pública a empresas privadas y como también han vendido viviendas de protección oficial, pensadas para los que nada tienen, a fondos buitre.
Hemos visto demasiadas desgracias, desahucios, suicidios, hambre, pobreza infantil mientras hemos leído en los medios de comunicación que los más ricos han aumentado vertiginosamente sus bolsillos.Estamos al límite de nuestra paciencia y nuestra dignidad ha sido pisoteada y ni en estas circunstancias van a ser capaces de unirse. ¡Qué desgracia!
Viejos aparatos de partido, comportamientos cancerígenos, burócratas con el culo-lapa apegado al asiento y sus privilegios. Excusas de malos pagadores, pufos al descubierto
 Mientras, lo nuevo, que sin duda existe, exhibe también vicios antiguos, aunque personalmente no caeré en la trampa de creer que todos son igual de ladrones pero, a lo peor, sí todos, igualmente, nos creen tontos. Y de eso, nada.
La derecha: que todo lo ha hecho mal y en su provecho, que es corrupta, insensible y, sobre todo, heredera de aquella oligarquía que nos doblegó a sangre y fuego. Eso es lo que intenta esconder con su y tú más y la herencia recibida. La socialdemocracia: que ha metido el cazo en la caja y que no sabe cómo limpiarse sin explosionar; que se hundió en el pantano neoliberal. Y la izquierda más "pura", dedicándose como siempre a la autocrítica para cargarse a continuación al vecino de asiento.

Este 2015, año de la cabra de madera, puede ser el año que cambie la política española. Habrá elecciones en todos los ayuntamientos, en todas las autonomías -salvo Galicia, Euskadi y Asturias- y, por plazo, también habrá generales. Y todo eso llega en plena caída libre de los dos grandes partidos -uno por desgaste, otro por no haber sabido recuperar el pulso- y con el auge meteórico de otras formaciones que podrían causar un terremoto en las estructuras del país.
 Pobres de los que vengan. Si quieren demoler el amiguismo y clientelismo  instalados en España van a necesitar dos o tres generaciones como minimo
Nos hemos dedicado a lo pequeño, creo, no tanto por convicción como por rehuir lo que de verdad deberíamos estar haciendo, cambiar, revolucionar el mundo tal como lo conocemos y cambiarnos, y cambiarnos de paso, a nosotros mismos. Esto es, gobernar y gobernarnos. Entonces pienso en el viejo proletariado –y en los intelectuales que seguían sus pasos– lleno de gente sencilla, nada complicada e incluso analfabetos en buena parte, y en lo claro que lo tenían, no obstante. Pues, si se mira bien, la cosa no es tan complicada: unos, los menos, están arriba y nos roban y expolian lo común, y otros, la inmensa mayoría, estamos abajo y somos robados y expoliados; se trata simplemente de sustituirlos, pero no por otros, sino por nosotros; gobernar y gobernarnos, y eso por las buenas o por las malas. No es tan difícil, ¿verdad?
Ah, ya, eso; ah, sí… Sí, eso que estáis pensando es lo que de verdad lo hace difícil, que, en el fondo de los fondos, queremos ser como ellos, que, en el fondo de los fondos, hay algo que nos dice que si cambiamos las reglas, que si rompemos la baraja, no seremos nunca como ellos, no viviremos como dioses, en sus paraísos; que sí, que aunque nunca seamos exactamente como ellos, queremos, no obstante, mantener la ilusión de que un día disfrutaremos de algo parecido a lo de ellos, aunque sea un sucedáneo, tipo resorts en la costa Maya, con nuestras pulseritas, o un 'finde' en Praga, o esos cruceritos de una semanita o quince días por el Mediterráneo o los fiordos; alguna vez, bien, o todos los veranos, depende. Queremos vivir como ellos, pero sin hacer lo que ellos hacen para vivir como viven, gobernar y gobernarse.

¿Dónde está la Europa de los ciudadanos, de la unidad, del progreso, de la moneda única que debía homegeneizarlo todo?...
Europa está muy lejos.planteado la necesidad de explorar otras vías, pues el camino elegido por Europa no está dando resultado. Pero salirse del guión no ha sentado bien entre los dirigentes europeos, de manera que en la mayoría de ellos la única respuesta que han encontrado es un “NO” rotundo: o lo hacen como quiere Europa, o Grecia tendrá problemas. Esto nos deja una moraleja clara: lo importante no es pagar la deuda, sino decir que vas a pagar la deuda. La hipocresía económica que sostiene el tinglado de los poderosos.

 Antonio Gramsci, contra la indolencia culpable de los indiferentes
Odio a los indiferentes… «Vivir significa tomar partido». No pueden existir quienes sean solamente hombres, extraños a la ciudad. Quien realmente vive no puede no ser ciudadano, no tomar partido. La indiferencia es apatía, es parasitismo, es cobardía, no es vida. Por eso odio a los indiferentes. La indiferencia es el peso muerto de la historia...

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