( EFE) España fue el país de la OCDE en el que, con mucha
diferencia, la crisis tuvo un mayor efecto de incremento de las desigualdades
en términos de ingresos entre 2007 y 2011, según los datos publicados este
jueves.
Medida en el índice de Gini, la desigualdad de ingresos en
términos de mercado en España se incrementó en esos cuatro años en ocho puntos
porcentuales, frente a cinco puntos en Irlanda y Grecia o tres en Estonia,
indicó la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
Una de las responsables del estudio explicó que la evolución
del caso español tiene que ver sobre todo con las pérdidas masivas de empleo
durante la crisis, que han generado diferencias de ingresos entre los que
tienen un puesto de trabajo y los que no. Además, añadió que mientras en la
primera fase de la crisis persistían algunos mecanismos que compensaban ese
fenómeno con transferencias sociales y mecanismos fiscales, muchos de ellos han
desaparecido.
Eso significa que muchos parados con el paso del tiempo han
llegado al final de su derecho a un subsidio por desempleo, pero también que se
han suprimido transferencias y que ha habido modificaciones fiscales que han
perjudicado a los grupos sociales menos favorecidos.
Se ha llegado al extremo, lamentable desde mi punto de
vista, de crear una figura con todo el boato institucional denominada
“Consenso”.
Hay quien pretende, el Gobierno mayormente, que tengamos fe en su palabra. Fe es creer en lo que no se ve. O sea,
mejor tragarse la propaganda.
Es una pena que al perderse el pluralismo en la opinión de
los que más saben, la opinión pública está perdiendo referencias para ser una
opinión bien informada, o sea de calidad. Y
es una pena que desaparezca una base sólida para generar confianza, que
es justamente lo que más necesitamos.
Un indiscutible triunfo del corporativismo cuyos privilegios
no decaen y que ha conseguido un monopolio intelectual al tiempo que critican
acervadamente los otros monopolios.
O sea, se ha creado
el Pensamiento Único Económico y con él la irresponsabilidad ante el error.
Porque tras la borrachera del capitalismo, llegó la resaca y
en este punto con plena legitimidad los ciudadanos se han plantado frente a un
sistema que solo satisface a unos pocos sin intención de renovar.
Este despertar ha propiciado la escalada del colectivo
como razón de ser, la recuperación de valores que parecían ya perdidos: la
solidaridad contra el ego, el sentido espiritual frente al material.
Piketty ha puesto el dedo en la llaga cuestionando la
dinámica del capitalismo, en particular sobre el fulgurante ascenso de una
minoría que acapara cada vez más riqueza del mundo, así como el interés de
estos por perpetuar un modelo que hace a los ricos más ricos y a los pobres más
pobres.
Con todo Piketty no pretende demonizar el capitalismo en
favor del socialismo, porque lejos de las utopías marxistas – y aun
considerando sus tendencias más progresistas – tampoco es ninguna panacea “Lo
que defiendo es un impuesto progresivo, un impuesto global, basado en la
imposición a la propiedad privada. Es la única solución civilizada. Las otras
son, en mi opinión, mucho más bárbaras; y me refiero al sistema oligárquico
ruso, en el que no creo, y a la inflación, que en realidad sólo es un impuesto
sobre los pobres” expresa.
La UE está pendiente
también de cómo se desarrolla el nuevo Plan Nacional de Inclusión Social, una
de las exigencias comunitarias que el Gobierno más tardó en atender.

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